Capítulo 51: "Disfruta el momento"


El distanciamiento definitivo entre Ainara y Armando desembocó en la marcha de ambos del grupo. Este hecho alegró en gran medida a Carolina, Jade, Abel y a servidor. Por fin podríamos hacer las quedadas siguiendo una mayor democratización y por ende, no estaríamos sometidos a las rabietas y a los deseos desmesurados de los basados en dejarse las muñecas en los futbolines.

Así que, la motivación por iniciar las salidas del mes de noviembre era intacta. Así que, nada más levantarme, mientras me leía El valor de educar de Fernando Savater para la universidad, le mandé un mensaje a mi chica para saber si iba a quedar con ella.

-Hola gatita, ¿vas a quedar o al final te vas de campo?
-Dios mío, que pesao. ¿Y si te digo que no por cansino? –escribió dos horas más tarde mientras miraba fijamente al Cola-Cao como fruto de su cansancio.
-Joer, es que tengo ganas de que hagamos algo. Llevamos dos semanas sin quedar porque tuviste cumpleaños con tu familia –respondí.
-Madre mía, que inmaduro, no sé cómo no te he mandado a la mierda. Me tienes hasta el chichi. –contestó tecleando  mientras su respiración se entrecortaba como antesala al llanto.

Era consciente de que una vez más, había vuelto a causar otra discusión. Creía que haber dejado de compartir piso con Josué o haber alejado a la gente tóxica del grupo desembocaría en la tranquilidad. Nada más lejos de la realidad, los sofocones y el miedo a que la paciencia llegara su límite se adentraron, pero claro, la falta de sangre ante la respuesta llegó a responder algo escueto y que tratara salir del paso.

-Joer, no te pongas así, estemos bien.
-Mira, no repitas lo mismo que te bloqueo. Cada día estoy más quemada –respondió mientras derrochaba lágrimas

Sin duda, había comenzado un curso nuevo en el que había repetido por primera vez en mi vida. Después de haber evitado suspender un mínimo de asignaturas y de haber salido de mi zona de confort en términos sociales, sentía que estaba ante una nueva oportunidad para que mi vida cogiera una dirección más exitosa y apasionante.

Para ello, estaba claro que había que ganársela y sin duda, Jade era un pilar fundamental para construir todo lo que quisiera. La verdad es que muchas veces decía lo que no quería oír, pero al final daba su opinión para mi beneficio.  La verdad es que me había mandado a tomar viento con todo el merecimiento del mundo y si era un poco hombre, solo tenía que asumir las consecuencias de mis actos.

Sin embargo, hay ocasiones en la que la suerte  se convierte en tu aliado y no duda en echarte un cable. Acababa de leerme  el libro de Savater y sentí que la filosofía me empezaba a interesar. Justo cuando me disponía a sacar los apuntes de pedagogía, recibí una horda de vibraciones en el móvil.
Supuse que sería mi grupo de clase porque las exposiciones empezaban a invadir los días venideros.

Para sorpresa mía, era Jade. En ese momento, los cachetes del trasero empezaron a unirse como dos imanes como acto reflejo ante una noticia que dejase el corazón helado. Fui rápidamente a leer el mensaje. Sentía un escalofrío enorme porque podría ser el fin de la relación. Cerré los ojos conté hasta cinco y pensé: “que sea lo que toque”.
-Mira, soy una calzonazas, pero quiero hablar. No sé cómo lo haces, pero siempre te sales con la tuya.
-Ehhh, no entiendo.
-Mira que al final me arrepiento. Cállate anda y hablemos de otra cosa.
-¿De qué?
-Pues del partido de hoy. ¡Tan pesado hablando de fútbol con Abel y ahora no dices nada! Cuéntame algo, ya que lo vamos a ver.

En ese momento, esbocé una sonrisa que resaltaba totalmente en mi rostro. La vida da créditos sin que lo merezcas. Es un poco infantil pensar que he sido un esperpento porque no he tenido los fallos típicos que plasman todas series juveniles como ser un paranoico, alguien que se excede de fiestero o que es el cabestro de turno que va arruinando la vida ajena. 

Hay muchos aspectos que también importan como son comportarse como un hombre y no como un preadolescente. Y estaba claro que tenía esa asignatura pendiente. Pero no todo era amargarse, y más si hablaban del tema que molaba.
-Pues lo veo difícil, el Atleti lleva unos años que nos tiene tomada la medida. Y además, están siendo resultadistas contra equipos pequeños.  Cuando juegue contra uno bueno se cagan –escribí totalmente motivado.
-No creo, a estos lo que le pasa es que son cómo tú el curso pasado. Se tocan los huevos todo el año y cuando vienen las críticas y estás a punto de irte a la mierda, aprietan.
-Sí, pero van primeros. La prensa  al fin y al cabo que hacer para criticar.
-Hijo mío, que tonto eres. ¿No habías dicho que eran resultadistas? Se te pegan las cuñadeces de Abel, ehhh.  Una cosa u otra, tú en un blog puedes ir así debatiendo.

Aquel calificativo de “tonto” me resultó de lo más satisfactorio. Era señal de que había vuelto la armonía. No éramos partidarios de homenajear a Federico Moccia y su novela A tres metros sobre el cielo dedicándonos frases más pastelosas que la recién estrenada pizza de Kit Kat. Sin embargo, los cariñosos insultos basados en ser tonto o decir que no me quería nada daban señal de que la química seguía emergiendo en nuestras venas.

Así que, como antaño, quedamos enfrente del Auditorio Municipal. Llegué por los pelos porque había acabado una entrada en el blog sobre la última película que había visto en cines: No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas.

Tenía una sed tremenda, por lo que le pedí parar un momento en la Fuente Agria. Tal y como indica la nomenclatura del lugar, su líquido elemento es agrio de sabor y la sensación es similar a chupar unas llaves.

Sin embargo, como buen puertollanero que soy, me la tomo con la misma pasión que un alemán devora una cerveza. Justo al beberme de un trago la botella que rellené, sentí que alguien me daba una palmada en el hombro. Intuí que podría ser Jade, ya que no le dejé que bebiera ni un culín de agua.

Al girarme, no se trataba de ella, sino de Ainara, que nos dio dos besos con una efusividad que nos extrañó. El rostro de Jade comenzó a fijar su mirada en ella. Resultaba anormal su comportamiento después de haber estado ignorando al personal y para colmo, creyendo que me había aliado con la infidelidad amorosa. Estaba en lo cierto cuando escuchó estas palabras:
-Primines, en una semana haré mi cumpleaños. Hoy lo celebraré con mi familia.
-Pero solamente los que estamos del grupo, o también tu gente y tu chico Carlos. –solté mientras me arrascaba la barba y los mofletes de Jade se estiraban ligeramente por ir al grano.
-Ehhh, mi chico no es Carlos –replicó extrañada.
-No me cuadra, si rechazaste a Armando, pues escogiste a Carlos. Blanco y en botella.
-No primo, no te enteras, es Saúl.

En ese momento, como si de un búho se tratase, nos miramos totalmente sorprendidos. Si creíamos que sus prácticas maquiavélicas dignas del guionista de Mujeres y hombres y viceversa habían tocado techo, estábamos totalmente equivocados. Además, lo más esperpéntico es que se había comido sus palabras.

Dijo que “mandaría rodadamente a la mierda a Saúl y que nunca lo perdonaría” y para colmo, no se decantó por dos hombres, sino por tres. Había demostrado una vez que era la bruja Disney versión manchega, así que no era fácil decidir si ir o no al cumple. Había que buscar la respuesta que beneficiara a largo plazo.

-Y bueno, ¿qué día harás el cumpleaños?  -contesté ante el ceño fruncido de Jade.
-Mmm, ¿os viene bien el sábado que viene?
-Sí, yo creo que todos podemos.
Bueno, tengo prisa, ya hablaremos, adiós corazones.

Si sus ojos fueran rayos láser, ya estaría fulminado al haber comprometido a todo el grupo, así que tocaba justificarse, y no con la boca pequeña. Después de la bronca acaecida a primera hora del día, no era plan para volver a las andadas. Así que, había que argumentar con la contundencia necesaria.

-Jade, antes que digas nada. Ya sé que no soy nadie para meter a la gente en un sitio en el que nadie 
quiere y debería haber pensado. Pero es que tampoco vamos a ser los malos de la película. Recuerdo lo que hablamos hace unos meses, “no los echamos, que se vayan ellos” –respondí mientras caminábamos hacia la Plaza de la Asunción para hacer tiempo.
-¡Pero qué necesidad tenemos de aguantar a seres inertes! –exclamó malhumorada.
-La misma que permita darle más motivos para ver de la calaña que es, que nosotros demostremos que no nos haga gracia y vea que no queremos cuentas con ellas.
-Vale, me parece muy bien, ¿pero porque tienes que hablar siempre por los demás? Es que cabreas a la gente.
-Pero si iban a decir que sí por la misma razón que yo, para no quedar mal y es un día.
-¿Y tú qué sabes? –preguntó alterando ligeramente su tono de voz.
-Jade, no fastidies, sabíamos que todos aceptarían a regañadientes para no ser un malqueda.
-Pues a lo mejor están harto y esto es la gota que colma el vaso. Abel no quería más cuentas con ellos y si quieren, que ellos respondan. En fin, tú sabrás. Te quejas de que los demás actuaban por ti y tú haces lo mismo. –sentenció.

Sabía que tocaba cambiar la mentalidad, pero dolía recibir tantos reproches. Es cierto que si escuece, las heridas van sanando y si todo sana, se puede caminar con la solvencia necesaria. Pero tocaba asumir paso a paso todos los reproches recibidos con toda justicia. Para ello, era necesario despejarse viendo el partido.

Además, el Real Madrid ganó 0-3 realizando un fútbol estupendo. Pasamos risas y celebramos con total complicidad los goles. Sin duda, se notaba que éramos pocos (Jade, Luis, Abel, Carolina y yo), pero nos sentíamos más cómodos que la persona que pone los pies encima de la mesa del salón.

Aun así, mis predicciones se cumplieron y optaron por ir al cumpleaños a regañadientes. Bueno, todos menos Luis porque sabía que tendría la oportunidad de llenar su estómago tridimensional sin gastarse ningún céntimo. A la semana siguiente, no fallamos en nuestra cita con Ainara y para sorpresa nuestra, había dos invitados más.

Uno si era bien conocido por nosotros. Se trataba de Javier que volvió a salir dos semanas después de haber estado yendo al campo con su familia y otro era menos conocido. Carolina lo presentó como su nuevo novio. Abel, en su afán de aparentar más educación que Felipe II en la cumbre del G20, se dio a conocer.
-Soy Abel, encantado, ¿qué tal? –sonrió agracidamente.
-Me llamo Christian, encantado.
-¿Y a qué te dedicas? –preguntó para saciar su curiosidad maruja.
-Abel, tío, que esto no es un interrogatorio de la Guardia Civil, pareces el típico suegro pesao. -dije al entrometerme en la conversación
-No pasa nada, lo puedo decir, soy rapero –contestó con toda la serenidad del mundo.
En ese momento, se hizo el silencio. Abel le miró extrañado, a mí se me vinieron a la cabeza muchos vídeos en los que Auronplay se jactaba del sida musical que emerge en YouTube. Por un lado, Ainara, Luis y Jade se miraban mutuamente para evitar la carcajada escandalosa. Aunque no sea adecuado prejuzgar a la gente, ellos creían que sus facetas artísticas tenían el mismo éxito que Josué en ingeniería. Por otra parte, Carolina marchó al servicio porque sabía la que se le veía encima.
Hacía falta confirmar todos los presagios, por lo que Ainara lanzó la pregunta esperada.
- ¿Puedes deleitarnos con alguna de tus composiciones?
- Claro que sí.
Se levantó de la mesa, sacó el móvil y buscó su último tema llamado “sigo mi camino” y comenzó a rapear la siguiente letra:
-Yeee, jajajaj, yee. Sigo mi camino jejje. Aquí seguimos.
Venga peña. Para toda mi gente.
Aquí seguimos sin dormir,
sin comer,
sin descansar,
tú no me permites ligar
porque sabes que tú no puedes follar,
vamos a pasar,
tú me invitas a tu boda
porque te vas a casar,
anda maricón,
transexual,
te voy a matar
como lo hizo José Bretón

Una vez finalizada su actuación, teníamos los ojos como platos y no parábamos de echarnos miradas cómplices para ver quién era el primero en opinar sobre ese esperpento, o en su defecto, mojarse en toda su cara.