Capítulo 30: "Disfruta el momento"

Ainara le dijo que quería verlo otra vez bien, porque lo había notado mal en estos últimos meses, pero Armando decía que estaba muy bien, aunque no quería salir por los lugares del centro de Puertollano porque le recordaba todos los momentos bonitos que pasó con ella y se deprimía. Entonces, mi prima dijo: "¿ves como estás mal?, a lo que Armando respondió: "¿por qué lo dices?, y mi prima soltó lo que sabía, es decir, que se había comportado como un pulpo empalagoso con una chica. Armando se quedó en blanco y dijo: ¿quien te lo ha contado?, a lo que respondió: "no te lo puedo decir". Tras unos minutos de silencio, ambos llegaron a la conclusión de que querían volver a llevarse bien porque sería una pena terminar evitándose entre ellos tras haber pasado bonitos momentos.
Mientras tanto, Javier me estaba diciendo que había hablado más de la cuenta, se podía liar parda y por tanto, él se lavaba las manos. Así que, al ver como ambos se acercaban, sentía que podría tener problemas por haber filtrado información, y más aún cuando Armando me dijo: "¿tú le dijiste algo a Ainara?", yo, bastante cagado, le respondí: "¿quieres saberlo?", a lo que me respondió: "si, porque si fuiste tú, es bueno. Es señal de que lo del otro día no se difundió". Al final le dije que sí y él me dio las gracias por haber ayudado a que volviera a haber contacto entre ellos, pero me advirtió de que me había arriesgado a tener problemas. Ese día me acosté contento porque mi grupo de amigos volvía a estar completo, es decir, al igual que el verano previo a la universidad.
La incorporación al grupo de Armando y de Ainara no significaba que las cosas estuvieran igual que en el verano y una prueba de ello es que mi prima me mandó un whatsapp horas antes de la quedada diciéndome que tenía que contarme novedades, concretamente con Saúl y esperaba que se solucionara. 
Habían estado unos pocos meses a base de caricias y besos tontos, ya que mi prima no quería salir con él. No le apetecía tener por el momento nada serio, prefería esperar y asegurarse quien era el chico esperado para no arrepentirse a largo plazo, tal y como le ocurrió con Armando. Sin embargo, en aquellas semanas de marzo, Saúl pasó de decirle un día que se irían a vivir a Nueva York, tendrían 2 hijos y ambos trabajarían como empresarios. Sin embargo, dos días más tarde Saúl le confesó que había quedado con una chica, pero que no podía decirle el nombre.
Ella se sentía traicionada por alguien que quería en un futuro como pareja, pero Jade y yo le dijimos que el chico no había hecho nada malo, ya que no estaban saliendo como pareja formal, sino como si de una relación abierta se tratase y por ello, tenían derecho a besarse con quien quisiera. Sin duda, eso le ofendió y Armando, como defensor de lo indefendible sobre todo lo relacionado con mi prima, nos miró con mala cara.
Mi prima pretendía salir con él a toda costa, pero antes quería darle una lección. Tenía claro que le había ilusionado diciéndole el cuento de irse a vivir a Nueva York y demás historias, y por tanto, tenía que darle una lección y posteriormente, recuperarlo. Para empezar, su mejor amiga Marina. un amigo suyo, Jorge, el mejor amigo de Saúl, César y una chica que hacía bachillerato de artes, Amanda, empezaron a salir con nosotros. Estaba claro que estas nuevas incorporaciones le atrajeron a Javier León y tras haber estado quedando con mi grupo solamente por verme a mi, decidió volver al ver que había gente nueva, y sobretodo, el pelo pelirrojo, su delgadez y su aparente simpatía de Amanda era para él, una oportunidad para ligar.
No me dijo nada, pero yo noté que la miraba con deseo, aunque lo negara y además, estaba más alegre que otras veces. Al ver que él y yo estábamos de buen rollo, me preguntó que si se podía venir Alejandro. Me paré unos segundos a pesar todo lo que me había ocurrido con él  que lo conocí cuando entró al Santa María para cursar Bachillerato. Iba a clases para jugar con el móvil y era un poco cansino poniendo zancadillas y dando collejas, pero en principio, me llevaba bien con él hasta el punto de invitarme a su 18º cumpleaños. Fue en un local de su padrastro y allí, con unos amigos suyos nos dio por jugar en el salón de dicho lugar, Raúl y yo rajamos mínimamente una lamparilla al disputar un balón. 
Alejandro me dijo que tanto Raúl y yo, íbamos a pagarle lo que se gastó en un bote de pintura para pagar los desperfectos, así que le pregunté a Raúl cuanto teníamos que poner cada uno de dinero, pero él me dijo que nadie le había pedido pagar semejante gasto. Entonces decidí no pagárselo, aunque él seguía insistiendo. Cuando se dio cuenta que el dinero no llegaba a sus manos, estuvo seis meses sin pedírmelo, pero antes de que empezaran las clases, le rompió el móvil a una amiga suya por juguetear con él y la chica le exigió que le pagara el destrozo de la pantalla.
 El muchacho, al ver que tenía poco dinero, me reclamó el dinero de la pintura. Ya me harté y delante de sus amigas, le dije que no me daba la gana pagarle porque tenía la poca verguenza de pedirme el dinero justo cuando había roto el móvil a otra persona. Sin duda, le sentó mal porque anteriormente le dije que se lo pagaría para que calle y ese día fui claro, le dije  que no y le dije indirectamente que era un aprovechamiento. Desde ese momento nuestro buen rollo se acabó y cuando nos veíamos en la calle, me ponía malas caras. A pesar del mal rollo entre nosotros, Alejandro tenía buena relación con Javier, pero dejó de llamarlo cuando empezó a salir con una chica fan del manga que se juntaba con la gente emo del pueblo (los amigos de la secta en la que estaba Gabi Guerra) llamada Nadia.
La misma semana que Ainara y Armando volvieron a estar de buen rollo, la relación entre Alejandro y Nadia acabó tras las infidelidades de ella y por creerse los rumores falsos de la gente sobre el chico, así que, al verse solo, decidió llamar a Javier para salir. Tras haber recordado toda la historia, decidí que se viniera, pensé que sería una oportunidad para darle envidia, ya que yo estaba tan feliz con mi chica y él tenía más cuernos que el toro que mató a Manolete.
Se vino y en principio no se veía malos rollos porque cada uno se iba por su lado, pero claro, no todo es oro lo que parece. David Negro también se vino y estaba hablando de chicas con Javier, al escuchar Alejandro la conversación, se unió a ella y le dijo a mi amigo: "tío, a ver si ligas ya, que hasta Sergio tiene novia". Pasada media hora, Javier se me acercó mientras intentaba ganar al futbolín y me comentó el comentario de Alejandro. Sin duda, me afectó porque me estaba tomando como si fuera la última mierda, así que me levanté y estaba dispuesto a pegarle una buena ostia.